Desde hace muchos años padezco de trastornos del sueño. Fue hace unos doce años que me hablaron de la melatonina, una hormona presente en la naturaleza que regula las horas del sueño.

Recuerdo que compré una caja de 30 comprimidos y me costó 2 €. A medida que esta hormona se hizo popular y la gente se dio cuenta de lo positiva que es para tener un sueño más plácido y duradero, el producto se fue yendo por las nubes en tema de precio. Hoy, una caja de 30 cápsulas o comprimidos anda por los 10 € (dependiendo del fabricante, pero todos por ese precio euro arriba/abajo).

Si un producto que se encuentra por doquier, como la melatonina o cualquier vitamina costaba hace tiempo cuatro veces menos, ¿motivo por qué cuesta ahora tanto? Calidad es la misma, sigue siendo el mismo producto y no le han añadido pepitas de oro ¿a qué vienen esos precios?

La respuesta es bien sencilla y absolutamente cierta: Es un robo, un abuso. Se llama corrupción en la economía porque inflar precios con materia prima barata es corrupción. Todo, todo se debe a la presencia de dinero de por medio. Cualquier cosa vale, se aprovecha de un filón y no se cortan un pelo. Atención, porque hay gente que suele interpretar todo mal. No estoy diciendo que la melatonina o un compuesto de vitaminas y minerales deba ser gratis, sino que tenga un precio razonable teniendo en cuenta que la materia prima está tirada de precio.

Sin ir más lejos, cuando comenzó el confinamiento en España, las farmacias empezaron cobrando por mascarillas FFP2 hasta 12 €. Sí, manos a la cabeza, cuanto más nos enteramos que su precio base no es de más de 60 céntimos de euro, nos indignamos.

Ya se, conozco la tesis liberal, dejar que la economía se autoregule pero una mierda para ellos, se va a autoregular un carajo. Es un robo cada vez mayor, las empresas cada vez más desquiciadas y explotando.

Pero esta entrada no era para hablar de medicinas, ni de farmacéuticas ni de ávaros liberales sino de la corrupción cuando entra el dinero en juego dentro de las distribuciones GNU/Linux.

Veo que hay tres tipos de distribuciones bien diferenciadas: Las que se crean y mantienen en pos del uso del software libre y la no dependencia de sistemas operativos privativos, digamos que las dignas, las que empiezan dignamente pero se desvían en el camino, y las que nacen podridas.

Casos de las dignas podrían ser Debian, Arch, Gentoo, OpenSUSE, Fedora y algunas más. Caso de desviadas tenemos a Ubuntu, Manjaro, EndeavourOS, KaOS y prácticamente todas las que están en nuestro blacklist y por último tenemos las que nacen podridas como Makulu Linux, AlfheimLinux, Befree, Peppermint, Modicia OS, etc.

De las dignas no hay nada que añadir pues siguen desde el principio que fueron lanzadas su fundamento de ser software libre y usar todas las herramientas libres sin incluir software privativo out of the box. Las desviadas.. hablemos un poco. Ubuntu es el caso más popular. Es una distribución que en sus inicios apenas se diferenciaba en nada de Debian, con su planteamiento de ser software libre, enfocado en la comunidad en pos del free software. Tuvo pues, un comienzo honorífico y loable. Cuando Ubuntu se popularizó y era usado por millones de usuarios, vio el filón de la mina del rey Salomón y empezó su deriva comercial, propagandística y sucia, ayudando y colaborando hasta con el más terrible de los enemigos y apostando por la humillación de esa basura llamada WSL. El otrora amigo de la comunidad amenazaba a blogueros para que no usaran su logotipo para hablar mal de Ubuntu o le metían un paquete. Jesús de Nazareth, quien te ha visto y quien te ve. Amazon, telemetría, imposiciones autoritarias.. es la tónica de una distro desviada.

Otro ejemplo es Manjaro. De aquella fabulosa distribución comunitaria queda poco por no decir nada que sea loable. Empezó limpia, un ejemplo de distro. En el momento que vieron que podían ganar dinero, acceso a Microsoft Office en el menú, Steam, FreeOffice, Skype. Y como se veía dinero, crearon una empresa. Lamentablemente esto lo conocemos ya con Ubuntu. Tal es así que hace unos días, ha habido una alerta de que uno de los desarrolladores de Manjaro, con el dinero de las aportaciones de la comunidad, se ha comprado un portátil valorado en 2.000 €. Casi ná. Pero eso es lo que tiene cuando se contribuye a proyectos de entrada sucios, corruptos. Si corrompen el software libre no esperes que sean trigo limpio.

El mejor y más digno político español de todos los tiempos, Julio Anguita, dijo en una ocasión que con el dinero público hay que ser austero y honrado, que ese dinero es sagrado. Pero Julio sabía muy bien que de eso no hay por ningún lado, y por lo visto en Manjaro parece que tampoco.

Las que nacen podridas no lo hacen necesariamente porque reciban dinero de las aplicaciones que publicitan, sino que, para parecer diferentes a las demás, meten toda la mierda privativa que te puedas imaginar. Es una manera de decir: Oiga, si las distribuciones GNU/Linux no vienen con software privativo yo las traigo todas. Son pura basura porque vienen con malware hasta la médula. Y cuando hablo de malware no lo digo metafóricamente. Traen Google Chrome, Skype, Teamviewer que son software espía.

Finalizando. El sacar provecho económico no es condenable y puede ser lícito. Hacerlo a cualquier costa, permitidme poner en duda la honorabilidad de un proyecto. En el momento que hay un interés económico es a costa del sacrificio de algo. Y el sacrificio de algo en el caso de las distribuciones GNU/Linux es la corrupción del propio sistema operativo y de su propia filosofía.

Usad lo que queráis, porque aunque este último párrafo no viene al hilo de este artículo, dicen por ahí por las redes sociales que maslinux critica a la gente que usan software propietario. Eso es absolutamente falso. Me importa una reveranda mierda lo que use la gente. Siempre hablo de cómo debería de venir de fábrica una distribución GNU/Linux. Yo aconsejo y animo a las almas que desprecian a lo privativo, pero jamás le digo a nadie lo que debe de usar. En todo caso, lo que no deberían usar por su propio bien y por el bien de nuestra filosofía. Que lo hagan o no, no es mi problema.